Una visión inclusiva, a 100 años de vida en comunidad

14/Jul/2016

Semanario Hebreo, Ana Jerozolimski

Una visión inclusiva, a 100 años de vida en comunidad

Con la Lic. Geraldine Rocío Muñoz,
directora del Área de Discapacidad.
Geraldine, es un gusto volver a hablar
contigo, esta vez en un marco muy especial, la celebración de 100 años de vida
comunitaria judía en nuestro país, por el aniversario que se está cumpliendo
desde la creación de la Kehilá, la Comunidad Israelita del Uruguay. Más allá de
tu propio cargo, en el que por cierto entraremos, una pregunta general a quien
puede aportar, creo yo, un valor agregado de quien no es ni uruguaya ni judía:
¿Cómo ves este aniversario, comparando entre la percepción que tienen algunos
que no conocen la interna sobre lo que es la actividad judía, y lo que tú sí ya
conoces bien desde hace años?
Ana, el gusto es mío, siempre es un placer
intercambiar contigo.
A un
centenar de años sólo puede llegar una organización que se ha marcado un rumbo
claro en su camino, el trabajo comunitario, finalidad que le ha permitido
cohesionarse para ser lo que es, durante
tanto tiempo y con tantos frutos. Hace
varios años que estoy trabajando en la comunidad, llegué desde Buenos Aires,
después de cursar estudios de postgrado allí, con muchas ganas de poner mi
conocimiento al servicio de las personas de este lugar. Ha sido muy rico para
mí que eso haya ocurrido dentro del marco comunitario, ya que experimenté la
riqueza de unirme a equipos de trabajo con una vasta historia y mucho
profesionalismo, valor que cualquier profesional desea vivir. Sin duda el hecho de ser chilena y no judía
me da dado la posibilidad de hacer eco del gran trabajo que hace la Comunidad
hacia afuera, hacia la sociedad que a veces desconoce este hacer. Muchas veces he contado en diferentes ámbitos
todo lo que abarca la Comunidad, y más de uno ha quedado impresionado, porque a
veces se desconoce. Por supuesto el ápice de mi retórica al respecto está
puesto en el Área de Inclusión que es mi ámbito laboral. No es menor que yo
misma esté integrada e incluida sin peros desde el primer día en el equipo
profesional de la institución, lo que genera también el valor agregado, como
bien mencionabas, porque derriba algunos mitos hacia fuera. Esto me ha
impulsado desde el principio a leer y empaparme de la génesis del trabajo hecho
con la finalidad de hacer un buen eco adentro y afuera, y rubricar el valor de
lo que implica trabajar en comunidad, en sociedad, en unión.
Por lo cual este Aniversario es
un hito. Desde mi óptica un momento importantísimo, una oportunidad de valorar
y ver lo que en un siglo de Comunidad se ha hecho, se ha sembrado, se ha
construido, para seguir impulsando y proyectando el futuro de la Kehila en
Uruguay y todo lo que ésta puede seguir aportando a la sociedad del hoy y a la
del mañana.
En los últimos años has estado al frente
del Area de Discapacidad, pero ya antes, cuando Becky Sabah, su fundadora, la
dirigía, tú ya estabas trabajando y recuerdo que tuve el gustazo de conocerte y
entrevistarte cuando aquel histórico viaje que realizaron a Israel. A grandes
rasgos primero ¿cómo presentarías tú a este grupo, tanto de usuarios como de
profesionales, voluntarios? En números, en tipo de gente, en cuanto a actividad
en general.

Cuando llegué a trabajar al Área de Discapacidad, hoy bautizada como
“Jalomí” por sus propios miembros y fruto del viaje del año 2012 a la Tierra de
Israel, encontré un espacio integrado por diferentes equipos de apoyo:
técnicos, voluntarias dentro de los programas, un grupo de amigas del Área, y
otras varias redes dentro de la misma Institución alineados a una misma visión,
sacar de la exclusión a jóvenes y adultos que por diferentes motivos viven con
alguna discapacidad, para darles la posibilidad de ser persona con derechos,
obligaciones y posibilidades.
Esta posibilidad está subrayada por
elementos fundamentales, entre ellos el que tengan derechos, posibilidades de
desarrollar sus varias capacidades, posibilidad de recibir apoyo en la
deficiencia que cada uno presenta, para que ésta no sea un obstáculo en su
pleno derecho de Ser y de desarrollar lo mejor de sí. Me encontré con un espacio fundado por una
PCD que recibió la posibilidad de trabajar y desarrollar sus propias
capacidades y dar así a la sociedad lo mejor que podía dar la apertura de un camino inclusivo con
conocimiento acabado, por llevar en ella misma la historia de tantas barreras
discapacitantes, y vivir la peor de todas, la gran barrera mental que cree que
discapacidad es sinónimo de incapacidad, barrera que limita más que todas las
otras.
Yo venía de trabajar para un hogar apoyado
por un ente estatal, también de personas con discapacidad acá en Uruguay, sin
embargo con graves carencias en relación a la visión y unión para lograr tan
difícil empresa: la inclusión como posibilidad verdadera. Acá destaqué la
fortaleza de la visión y de la finalidad en todos quienes hoy sostienen este
espacio conformado por los apoyos que mencioné antes y que hoy atiende
alrededor de cincuenta personas de forma fija, distribuidas en dos talleres de
trabajo protegido, un espacio de educación judía y un espacio de expresión
artística teatral.
Me decías el otro día, cuando te saludé y
te pedí esta entrevista, que “aquí estoy, trabajando en este maravilloso
trabajo de inclusión”. Y yo te quisiera preguntar, más allá de la importancia
de que un marco así exista ¿cómo explicarías lo que éste aporta los usuarios?
Sabemos que en diferentes problemáticas, no es que éstas van a desaparecer. Aún
así, el área es un cambio de vida para sus usuarios. ¿Por qué?

Cuando elegí trabajar en Inclusión e Integración, lo elegí convencida de
que ser inclusivo es una forma de Ser, es una óptica que permite ver
posibilidad adonde otros prejuzgan y limitan.
Es importante comprender que la
discapacidad es una situación permanente y prolongada en el tiempo. Sin
embargo, el hecho de tener una deficiencia instalada, no quita la posibilidad
de ampliar y ecualizar otros aspectos de la persona que pueden ser de mucha
riqueza. Por suerte, con los avances de la ciencia y el aporte de algunos
autores, hoy comprendemos que las personas poseemos diferentes tipos de
inteligencia, que hay plasticidad cerebral, por lo cual posibilidad en el
tiempo de desarrollar y fortalecer otras áreas que atenúen ciertas faltas, que
hay apoyos técnicos que aumentan la calidad de vida de las personas que los
reciben, entre otros; entonces dejamos de poner el acento en la falta y lo
ponemos en la posibilidad, en la capacidad, en la apertura.
Sin embargo parece ser que estos avances no
van de la mano con la apertura de nuestra mirada. Así que es urgente que cada uno de nosotros
cambie la óptica. Hacernos la pregunta que he hecho a algunos auditorios y que
a veces desconcierta, porque acusa el enfoque hacia la dificultad, más que
hacia la capacidad: ¿Qué me pasaría si me topo en la esquina de la calle a una
persona como Stephen William Hawking sin saber quién es? Diría “pobre hombre” o
vería en él una persona con posibilidad de desarrollo?.
Es urgente que entendamos que en toda
persona hay riqueza, que en todos hay potencial para desarrollar lo mejor de
sí, que en todas y todos puede haber un talento del que nos beneficiaríamos
todos, si se potencia. Es esa la mirada de Jalomí, es allí adonde apuntamos:
encontrar en cada uno posibilidad, darles un marco comunitario, proporcionar el
derecho humano de ser personas y que nadie, por vivir en situación de
discapacidad, quede excluido fruto de las barreras discapacitantes del entorno.
Porque es el entorno el que muchas veces excluye y pierde potenciales que
podrían ser para la sociedad tan importantes, como el que da hoy el científico
antes mencionado.
TAMBIÉN FUERA DE LA COLECTIVIDAD
Hablábamos de inclusión y yo quisiera
ampliar el marco. En el área de Discapacidad, aunque es uno de los marcos
dentro de la comunidad israelita, hay también usuarios que no son de la
colectividad. Pero más allá de ello, el ejemplo de este marco ha salido hacia
afuera, a la sociedad toda, o sea fuera de la comunidad. ¿Qué me puedes contar
tú al respecto, sobre la repercusión que tiene, sobre cómo se toma este
trabajo?
Por supuesto, si no lo hiciéramos no
seriamos coherentes con el concepto de inclusión. Hoy el Departamento atiende
personas judías y un porcentaje de personas no judías. Y no sólo eso, damos
orientación a toda familia que necesite asesoramiento al respecto sea o no de
la colectividad, trabajamos en red con otros centros que atienden personas con
discapacidad de la sociedad, aportamos en mesas de trabajo que abordan el tema,
participamos en ferias adonde nuestros productos son expuestos.
La Kehilá dio una respuesta inclusiva
cuando aún el tema no estaba puesto sobre la mesa. Yo misma participo abriendo
otros caminos inclusivos, aporto ideas, he fundado metodologías que han nacido
en este Departamento y que hoy son exitosas. El mérito es de nuestra
Institución que nunca ha puesto una barrera a la participación plena de sus
profesionales en la sociedad en lo que respecta al Know How que el departamento
ha acumulado fruto de los más de diecisiete años continuos de trabajo. Hoy
necesitamos seguir creciendo. Tenemos mucha demanda aún por cubrir. Pero como
sabemos bien quienes trabajamos en lo social, los recursos no siempre son
coherentes con esta demanda.
Sin embargo mirando los cien años, y el
histórico de respuesta de la comunidad a su comunidad y a la sociedad en
general, creo firmemente en que la misma solidaridad y amor con que muchos han
hecho posible este camino va a permitir seguir rebrotando el porvenir inclusivo
de las personas que viven con discapacidad para que no queden al borde, si no
en el medio, adonde todos cooperemos dando posibilidad y no lo contrario.
UNA VIVENCIA ESPECIAL
Te pediría, para terminar, que compartas
con nuestros lectores una vivencia especial, un momento singular de esos
vividos con los usuarios o voluntarios del área, de esos que te hagan sentir
“vale la pena todo lo que estudié, valió la pena llegar acá, entrar a la
Kehilá, para haber vivido esto”.
Gracias Ana, es un tema muy interesante de
abordar porque en la esencia de lo que llamamos inclusivo, entramos todos como
sociedad, atendiendo la concepción de diversidad y riqueza de cada colectivo en
esta mirada.
Es
difícil elegir sólo uno, tengo muchas
experiencias que me llenan en estos años, que me han emocionado, de las que he
agradecido a Ds enormemente mi profesión, mi especialidad, vivir en Uruguay un
país al que elegí y al que quiero y respeto mucho. El estar en esta Institución
por dejarme construir con ella, por permitirme adentrarme a una cultura tan
rica, tan llena de símbolos y de historia.
Hay días que termino agotada porque
sostener un Departamento de estas características tiene mucha complejidad a
nivel mental, sin embargo, cuando veo de parte de ellos, nuestros usuarios, la
devolución con resultados en sus propios procesos de adaptación y aprendizaje,
me entra vitalidad y fuerza para seguir haciendo el camino que empezaron otros,
fundamentando una y otra vez que es posible, que siempre es posible.
Debo mencionar un recuerdo de los más
memorables hasta hoy, haber llegado a Israel con todos ellos, haber acompañado
el sueño de tantos de ellos, un sueño expresado varias veces de llegar alguna vez
a la Tierra de Israel, un viaje sin precedentes, que llevó a personas con
discapacidad motriz, sensorial, intelectual y psiquiátrica a vivir su raíz, su
historia. Eso quedó en la memoria del siempre de todos quienes en el año 2012
fuimos. Por supuesto todo el recuerdo, lo veo con Becky Sabah mi compañera en
aquel entonces, con la que previo al viaje pasamos más de doce horas por día,
trabajando para que todo esté controlado y esté bien pensado en tan grande y
difícil odisea. Tuvimos temor, pero creíamos tanto, que el resultado nos llevó
a lágrimas por lo que implicó en tantos niveles diferentes de nuestras vidas.
Aún hoy algunos de ellos nos dicen “¡Volveremos a ir?”, y se me dibuja una
sonrisa, recordando con esta historia, que los sueños son posibles…
Con esa hermosa descripción, no me resta
más que agradecerte.
A ti Ana.